miércoles, 27 de junio de 2007

Curiosidades de la historia del puente del Hacho

RELATO DEL ASESINATO DE LEOPOLD CRISTOFLEAU

El IDEAL de 20 de Julio de 2000

El móvil del asesinato, fue sin duda alguna el robo; concretamente el robo del dinero que Leopold Cristofleau, personal técnico de la compañía francesa Fives-Lille que era la encargada de la construcción de la línea férrea Linares-Almería para la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, guardaba en su casa para hacer frente a ciertos pagos de la actividad de la empresa.

Según se derivó de las pesquisas policiales incorporadas a la documentación del proceso, los criminales llevaban algún tiempo concertando la perpetración de un delito de robo en la persona del ciudadano francés Leopold Cristofleau, miembro destacado del personal técnico de la compañía Fives-Lille y de la comunidad francesa que realizaba los trabajos de construcción del ferrocarril en el citado puente.

Los asesinos juzgados y ajusticiados fueron, Dionisio, carpintero de profesión y forastero; El Parra, jornalero y natural de Alamedilla; y El Resina, también jornalero y forastero, los tres con casa y familia en Alamedilla.

La tarde del 6 de Febrero de 1.895, se encontraban los tres futuros asesinos en el pajar de la casa de éste último, cercana a la vivienda de Cristofleau, (parece que el pajar es el que estaba en El Caserón y la casa de Cristofleau debía estar muy cerca de donde vive actualmente El Lolo) ultimando los detalles del delito que querían realizar en la casa del francés, y de la forma de repartir la buena cantidad de dinero que conseguirían en el mismo, para lo que no desdeñaron acabar con la vida de quienes se encontraran en el interior de la vivienda, motivo por el que iban pertrechados con diferentes armas.

Según la versión oficial, los tres permanecieron bebiendo y charlando en el interior del pajar hasta que entrada la noche, observaron que se daba el momento propicio para entrar en la vivienda de la victima. Uno de ellos, posiblemente El Parra, permaneció apostado durante largo rato, vigilando el entorno hasta que comunicó a sus compinches que el paso hasta la vivienda del francés estaba franco, y con la puerta abierta por la salida de un vecino no reconocido. Cobijados por las tinieblas de la noche, en medio de un frío glaciar y acompañados por el ladrido del perro de la víctima, entraron en la casa sigilosamente cerrando la puerta tras de si, que apestillaron, cegando a continuación el ojo de la cerradura con un pañuelo, para impedir que nadie pudiera usarlo como mirilla. Inmediatamente después, parece que se dirigieron hasta la habitación principal de la casa, donde sorprendieron sentado en una silla baja, delante de la chimenea a Leopoldo Cristofleau y junto a él, de pie, al lado de la mesa donde fregaba parte de la vajilla, la criada Isabel Troyano, mujer de cierta edad, natural de la localidad y muy querida en el pueblo.

Sin dar posibilidad de defensa a las víctimas Dionisio y El Parra se abalanzaron sobre el francés que sorprendido por la espalda apenas pudo ofrecer resistencia al primer tajo lanzado por Dionisio con un hacha que le interesó la zona cervical dejándole aturdido por el golpe y malherido. Seguidamente, como la víctima habría tratado de levantarse en un acto reflejo, fue sujetado por el primero contra la silla facilitando que el segundo le apuñalara repetida y brutalmente en el abdomen, quedando la víctima muerto entre grandes estertores, no sin que antes Dionisio le rebanara el cuello de oreja a oreja con una faca.

En tanto, El Resina se enzarzaba en un pelea con la criada Isabel Troyano, que nada más irrumpir los delincuentes en la estancia había comenzado a proferir grandes gritos que quedaron acallados inmediatamente, al ser cogida por los pelos y degollada con una navaja barbera, que ocasionaron la muerte de la mujer tras varios minutos de terrible agonía.

Cometido el crimen, los tres individuos se emplearon durante más de una hora en buscar todo el dinero y efectos de valor que pudieran encontrase en la casa. Al final la decepción se albergó en el ánimo de los malhechores que solo pudieron hallar una cantidad próxima a las 1.000 pesetas, que la versión oficial en 3.600 reales que se repartieron a partes iguales, correspondiendo a cada uno la cantidad de 60 duros.

Con el mismo sigilo con el que habían entrado, los delincuentes abandonaron la casa, no sin antes lavar sus manos ensangrentadas en el lebrillo con agua, en el que la criada fregaba los platos instantes antes de ser asaltada. Tras su huida, dejaron tres pañuelos ensangrentados con los que previamente trataron de limpiar los restos de sangre de sus ropas y herramientas.

Aunque en la documentación hallada no queda muy claro, parece ser que en su huida fueron vistos por una hija de la criada asesinada, cuando abandonaban la casa. Al amanecer del día siguiente unos vecinos observaron la casa de Cristofleau con la puerta entreabierta, con la lumbre presumiblemente apagada puesto que no salía humo por el tiro de la chimenea y sumida en completo silencio. Descubiertos las cadáveres de las dos victimas del brutal asesinato, se dio aviso al cuartel de la Guardia Civil de Alamedilla y demás autoridades de la localidad.

El día 10 de febrero, en medio de un fortísimo temporal de lluvias fueron capturados en distintos lugares de la comarca de Guadix, El Parra y El Resina, que no tardaron en declararse autores del asesinato y señalaron a Dionisio como el tercero, que fue detenido por la Guardia Civil de Montejícar. Los tres fueron conducidos a la cárcel de Guadix y mas tarde a la cárcel de Granada para ser juzgados.

En medio de una gran expectación, el 19 de noviembre de 1987, en la sala de vistas de la sección primera de la Audiencia Provincial comenzó la celebración de la vista oral del juicio. Los tres presuntos asesinos llegaron a la esta Audiencia conducidos por un enorme despliegue de la Guardia Civil. Las crónicas que narran el momento, señalan la enorme tensión que rodeó la llegada de los tres individuos, describiéndolos vestidos de oscuro, mal encarados, de terrible apariencia y calados con gorra El Resina y los otros dos con boina.

En su intervención ante el tribunal, después de numerosas contradicciones e inculpaciones mutuas consiguieron manifestar que los hechos sucedieron de la siguiente forma: Dionisio y El Parra se encontraban en La Puente, ajustando comprar un poco de paja a El Resina, para lo que se dirigieron a su casa y luego al pajar, en el que permanecieron durante varias horas bebiendo e intentando llegar a un acuerdo sobre el precio de la paja para poder cerrar el trato. Los dos compradores que en ocasiones habían trabajado en las obras del ferrocarril resolvieron ir a casa de Cristofleau a solicitarle un préstamo. Al acercarse a la casa de éste, comenzó el perro a ladrar, saliendo el dueño y entablándose una discusión entre ellos en la puerta de la casa, que se pasó al interior del inmueble, en donde la víctima en un forcejeo con los agresores, cayó al suelo y fue sujetado en una silla por el Parra, mientras Dionisio lo apuñalaba repetidas veces. Toda la escena sucedió delante de la criada Isabel Troyano, por lo que El Resina que acompañó a los dos primeros, atemorizado por el hecho de que esta pudiera delatarles, la mato.

La reconstrucción de los hechos del crimen, que proporcionó el parecer científico de los forenses, atendiendo a las lesiones de Isabel Troyano y de Cristofleau, con numerosas heridas de arma blanca con buen filo, con la cabeza casi separada del tronco, interesadas las vértebras y el vientre totalmente abierto, fue decisiva para establecer el veredicto de culpabilidad de los encausados.

El lunes 28 de Agosto de 1898, a la 8h y 20 m. fueron ajusticiados en Guadix, observados por un inmenso gentío que esperaba desde la noche anterior y que se estimó en mas de 11.000 personas.

NOTA.- Personalmente, la versión oficial me deja dos dudas:

- Había vecinos. ¿Nadie escuchó los chillidos de la criada?. Debieron ser desgarradores

- Yo tengo perro y cuando ladra puedo predecir con alguna probabilidad de acertar, cual es la causa. Los ladridos del perro no alertaron al dueño de que algo raro pasaba.

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